https://encrypted-tbn2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTeyfa-lv3JI2fxTeE4WJS3s4c9BMtluO3LkPF30hi2gF11pB2b MITOS Y LEYENDAS

lunes, 6 de abril de 2015



lunes, 30 de marzo de 2015

La Dama Tapada - Leyenda del Ecuador

 La Dama Tapada Ilustracion de Roger Ycaza

Ilustración de Roger Ycaza, 2009

No se ganaba en Guayaquil el rumboso título de TUNANTE, por los años 1700, quien no había seguido siquiera una vez a la  TAPADA, en alta noche por los callejones y vericuetos por los cuales llevaba ella a sus rijosos galanes.

Nunca se la veía antes de las doce ni jamás nadie oyó, en la aventura de seguirla, las campanadas del alba, a las 4 de la madrugada.


¿De dónde salía la tapada? Nunca se supo; pero el trasnochador de doce y pico que se entretuviese por alguno de los callejones de Alonzo o la Cruz, del Ahorcado o la Velería, el Descomulgado o la Curtiembre, por Chínguere o la Encrucijada, y pasando las ruinas de la Muralla por donde hoy Junín, tomase hacia el Bajo, de seguro que el rato menos pensado tenía andando delante de sí, a dos varas invariables, siempre  como al alcance de la mano pero nunca alcanzable, a una mujer de gentilísimo andar, cuerpo esbeltísimo, y que aunque siempre cubierta la cabeza con mantilla, manta o velo, revelaba su juventud y su belleza, y a cuyo paso quedaba un ambiente de suavísimo perfume a nardos o violentas, reseda o galán de noche.

Todo galanteador, fuese viejo verde o joven sarmiento, sentíase irresistiblemente atraído como medianímicamente inspirado

para dirigirle los piropos. Y ella delante y él detrás, camina y camina, sin que ella alterara su ritmo pero sin dejarse nunca alcanzar ni

disminuir la distancia de una vara a lo sumo; pues bajo no se sabía qué influencia, el acosador no podía avanzar a franquear esadistancia.

Y camina, camina, la damita cruzaba célere con la pericia de una buena conocedora de los vericuetos, siempre por callejones y encrucijadas, sin franquearse a calles anchas. Zas… zas… las almidonadas arandelas de su pollera unas veces. Suas… Suas...

suas… los restregos de sus sayas de tafetán, otras, pues nunca se repetían sus trajes, salvo la manta o el velo.

Sólo pequeños esguinces de su gallarda cabeza, como animando a seguirla: sólo algo así como el eco imperceptible de una

ahogada  sonrisa juvenil, eran los acicates del galán que se empecinare en seguir a caza tan difícil. Y cosa curiosa: a su paso los rondines dormían, si alguno estaba en la calle; y nadie que viniera de frente parecía verla: la visión era sólo para el persecutor, que ya perdida la cabeza y el rumbo, seguía inconsciente, hipnotizado, cruzando callejas y callejas sin saber por dónde ni hacia donde le llevaban su curiosidad o malicia y el irresistible imán que lo precedía.

...Cuando de pronto… la tapada se detenía ar aya… Daba media vuelta de precisión militar, y levantándose el velo que cubría su faz, no decías sino estas frases:

-Ya me ve usted cómo soy… Ahora, si quiere seguirme,

siga… Y el rostro tan lindamente supuesto, se mostraba en verdad,bellísimo,  fino, aristocrático,  blanco, sonrosado, fresco, griego,

magnífico… pero todo era una visión de un segundo. Inmediatamente, como hoy podemos ver en las combinaciones de la  película esas transformaciones entre sombras y disfumaciones… todas las facciones iban desapareciendo como en instantánea  descomposición cadavérica: a los bellísimos ojos sucedían grandes cuencas que a poco fosforecían como en azufre; a los lindos labios  las descarnadas encías, a las mejillas los huesos; hasta que totalizada la calavera, un chocar macábrico de crótalos eran las mandíbulas de salteados dientes… Y un creciente olor de cadaverina reemplazaba la cauda de aromas anteriores...

Otra media vuelta de la dama… y el que alcanzara a verla la hubiera visto como evaporarse al llegar a la vieja casa abandonada de don Javier Matute, calle del Bajo, junto al callejón del Mate, después Roditi… El que no alcanzaba a ver esto, allí quedaba, paralizado y tembleque, pelipuntiparado, sudorifrío y baboso, o loco o muerto… Sólo el que  había visto a la TAPADA podía adquirir el rumboso título de TUNANTE.



Y agrega la leyenda que el alma en pena era de una bella que en vida había abusado del comercio de la carne, sin ser carnicera.



Trascripción: Modesto Chávez Franco

Guayaquil.

lunes, 23 de marzo de 2015



Una noche, a inicios del siglo pasado, un personaje de ultratumba apareció en las calles de Riobamba. Quienes lo miraron se quedaron mudos de espanto. Era un jinete sin cabeza. Todos los habitantes de la ciudad se guardaban muy temprano para huir de la mala visión, pero nunca faltan los valerosos que lograron descubrir lo que escondía detrás del fantasma.
El 4 de febrero de 1797, un terremoto destruyó gran parte de la zona central del Ecuador. Se cuenta que antes del desastre se produjeron hechos misteriosos, como el que les contamos a continuación.
En la plaza central de la villa de Riobamba se levantaba la escultura de un niño tejedor (agualongo en quichua). Se dice que un día antes del pavoroso terremoto, hacía un insoportable calor, y muchos se concentraron en la plaza para descansar. En esos momentos miraron asombrados cómo la escultura de piedra giraba sobre su propio eje.
Los testigos regresaron a sus casas profundamente contrariados, sin imaginar que al día siguiente Riobamba desaparecería y que por eso, el Agualongo quiso verla por última vez.

La Loca Viuda espantaba a los caballeros de vida disipada.
El inicio de esta leyenda urbana se remonta a la época republicana cuando la ciudad de Riobamba era alumbrada por rudimentarios faroles que apenas competían con la luz de las velas. La luna llena completaba el ambiente propicio para los aparecidos y cuentos tenebrosos.
El protagonista de esta leyenda es Carlos, uno de los tantos bohemios que gustaba embriagarse en las cantinas y no desaprovechaba la oportunidad de tener un desliz.
Una de aquellas noches de juerga, al dirigirse a casa, se encontró con una extraña mujer vestida totalmente de negro y con una mantilla que le cubría el rostro, que le hizo señas para que la siguiera.
Carlos sin pensarlo dos veces fue tras de la coqueta a lo largo de varias callejuelas oscuras.
Al llegar a la Loma de Quito, el ebrio le dio alcance.
-          “Bonita, ¿dónde me lleva? dijo.
Sin dar más explicaciones, la mujer dio la vuelta y Carlos recibió uno de los impactos más grandes de su vida porque vio que la cara de la mujer era la de una calavera.
De la impresión, Carlos cayó pesadamente sobre el suelo mientras invocaba a todos los santos. Logró levantarse y emprendió la carrera de regreso a casa.
Al llegar, el hombre encontró el refugio en su devota esposa Josefina. Entendió que la visión fantasmagórica era el castigo por tantas infidelidades. Y desde entonces se dedicó santamente a su hogar.
Lo que Carlos nunca se enteró es que su esposa estuvo detrás del “alma en pena”. ¿Qué había sucedido? Después de muchas noches en vela, Josefina se armó de valor para castigar las continuas infidelidades de su cónyuge.
Una vecina le aconsejó darle un buen susto. Para el efecto le prestó una careta de calavera y le recomendó vestirse de negro.
Sin estar segura, pero motivada por su amiga, la señora decidió hacerlo.
Una noche oscura, se trajeó de negro, se puso la careta y se cubrió con un velo. Lo sucedido después ustedes ya lo conocen.

La loca viuda fue el remedio para los caballeros que abandonaban el hogar por una conquista galante. Los años pasaron y aún dicen que la loca viuda se aparece en las noches…
 La Llorona
A principio de los años 1500, la Llorona era la chica más bonita en un pequeño pueblo de Texas. Todo hombre en aquel lugar deseaba contraerla en matrimonio, pero hubo uno que siempre ella quiso. Este afortunado caballero, entonces, se hizo amigo de la familia de ella, y así la cortejó durante años, hasta que decidieron casarse. Al tercer año del matrimonio tuvieron su primer hijo, seguido por dos más.
Apenas un día antes del cumpleaños del hijo mayor, el esposo salió de casa, diciendo ir ‘’a comprar un regalo’’. Pero este nunca llegó.
Despidiéndose de su esposa e hijos dejó el pueblo para siempre. Para jamás ser visto de nuevo. Algunos dicen que se casó con una muchacha más joven, otros corrían rumores que había sido asesinado, pero nunca se supo la razón por la cual abandonó a su familia.
Los años pasaron, y eventualmente, La Llorona aceptó la realidad de su abandono. Luego de olvidarse del ingrato entregó su corazón a un rico hacendado de la zona. Ella le pidió casarse con él. Pero este se rehusó debido a los tres hijos que tenía.
Enojada por su respuesta, corrió hasta su casa, le dijo a sus pequeños que irían al río a darse un baño. Los chicos obedecieron y fueron adentrándose en la parte menos profunda del río Grande. Pero su madre tenía otros planes.
Les dijo que eran suficientemente mayores para estar en la parte honda del río. Allí, ella pretendía lavar sus cabellos, pero de repente comenzó a presionar sus cabezas, y a empujar sus menudos cuerpos dentro del agua firmemente, sin parar, hasta encontrar a los tres pequeños totalmente ahogados.
Después de observar los cadáveres de sus preciados hijos se dirigió hacia la casa de su amado, y le explicó lo ocurrido. El hombre, sin creerlo declaró que jamás se casaría con tal asesina, y la ordenó que se marchara de su casa en ese momento.
Al tiempo se dio cuenta del tan grave mal que le había causado a su familia; y desamparada, corrió al río. Allí permaneció, llorando insaciablemente, sin comer o conseguir dormir, hasta que finalmente murió.
Su alma condenada vaga ahora por los ríos, llorando desesperadamente, en busca de sus hijos perdidos.